lunes, 13 de agosto de 2007

Asunción de responsabilidades

Como decía elchicoquequeriaserbreteastonellis en su comentario, personas como mi conocido suelen echar las culpas de todo a cualquier cosa que no sea ellos mismos. Mi conocido es un claro ejemplo: la culpa de todo es de sus padres y las decisiones que ellos le obligaron a tomar, también de sus jefes, de su trabajo, de sus horarios, de la gente que conoce, de la gente que no conoce, etc.

Y lo enlazo con lo siguiente: ¿cómo alguien puede obligarme de alguna forma a tomar una decisión? Yo soy la única persona que piensa en mi cabeza y que toma decisiones. Incluso en el caso extremo de que alguien me apunte con una pistola en la cabeza (o amenace mi vida, o la de mi hijo) y me diga que hago lo que sea o dispara, esa persona no me obliga a tomar la decisión, la tomo yo, ya que siempre me queda la decisión de que dispare. Si hago lo que él proponía, no es porque me obligue, sino porque decido, elijo, la mejor (o menos mala) de todas las opciones alternativas.

Y esto me recuerda a una presuposición básica de PNL: la intención positiva. Todas las personas, cuando hacen algo, hacen lo mejor que podían hacer en ese momento: toman su mejor opción. Tal vez a nuestros ojos podrían haber hecho algo distinto que nosotros consideramos mejor, pero eso es porque nuestras prioridades son diferentes. Lo que ellos están haciendo es la mejor forma de satisfacer algo propio que es muy importante: sentirse amados, protagonistas, demostrarse algo, lo que sea, y esta razón, esto último, es la intención positiva.

¿Cuál es la intención positiva de alguien que continuamente se crea una realidad negativa y le echa las culpas a los demás? Bien, analicemos (o analizo yo solita), él se crea una realidad negativa porque no piensa más que en lo negativo que le rodea; y le echas las culpas a los demás porque es incapaz de asumir su propia responsabilidad en lo que le sucede; y esto le es imposible porque hundiría del todo su ya bajísima autoestima; y le hundiría porque aún no puede entender que lo que ha venido haciendo hasta ahora era lo mejor que podía hacer con el entendimiento que hasta ahora tenía de las cosas.

El hecho de aprender nuevas formas de hacer algo no nos convierte en estúpidos, ni convierte a nuestro pasado en un fracaso, sino que nos capacita para cambiar, nos devuelve nuestro poder.

Sigo dándole vueltas a algo que sugirió yo mismo en su primer comentario, a saber, su duda acerca de dejar de prestarle atención a lo negativo que hay en el mundo y cómo eso propiciaría no hacer nada para cambiarlo.

6 comentarios:

yomismo dijo...

Creo que hay una diferencia notable en dos maneras de ver las cosas:
Una seria pensar en lo que podemos hacer para cambiar lo malo que ocurre a nuestro alrededor y otra muy diferente en obsesionarse buscando culpables, juzgando, prejuzgando y rebozarse continuamente en el lodo, que hasta incluso posiblemente fuese creado por nosotros mismos.

Ana dijo...

Yo relaciono más todo ello con toda esa información acerca de las cosas "negativas" que pasan cada día, con la ausencia de información acerca de las cosas "positivas" y con esa especia de fiebre "contra" que hay (contra el terrorismo, contra el hambre, contra el sida, contra...)
Tú hablas de soluciones (algo positivo) donde otros hablan de erradicar lo que no les gusta (es decir, de crear un vacío donde antes había algo, por muy negativo que fuese).

Ana dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
yomismo dijo...

Cierto. Siempre es mejor buscar soluciones por pequeñas que parezcan, que ir en contra por sistema cuando hay algo que no nos gusta.Estoy totalmente de acuerdo contigo.Te imaginas? no nos gusta el trabajo que hemos de hacer hoy y en lugar de buscar alternativas, nos cerramos en banda con un no al trabajo de hoy...jajaja...que tomen nota algunos políticos

elchicoquequeriaserbreteastonellis dijo...

Un defecto propio de la época de la utopía por excelencia, es decir, el siglo XIX, fue empezar a luchar contra la realidad sin proponer nada a cambio o poco más que vaguedades.

Eso, efectivamente, lo vemos ahora por todos lados. Por supuesto está bien combatir una injusticia, pero si no hay un plan claro de qué pretendes implantar a cambio, se queda todo en un pensamiento bienintencionado, genérico y vacío.

"Quiero acabar con el mal". Está bien, ¿pero qué vas a hacer exactamente? O lo que es lo mismo, ¿se puede acabar con el mal o hay que aprender del mal para seguir adelante?

Ese es un tema.

Ana dijo...

Yo creo que el bien no puede existir sin el mal, o por lo menos sin la conciencia de lo que es el mal. Es como la luz y la oscuridad, inseparables: si iluminas algo, necesariamente crearás una sombra.
Lo que para mí está mal no necesariamente es el mal absoluto o está mal para todos. Así pues, he de mirar lo que para mí está mal y usarlo como inspiración para desear un bien mejor para mí. A eso se le llama apreciar el contraste :)
En cuanto a aprender del mal, creo que eso se aplica sobretodo a la experiencia personal de errar.