Mucho se ha escrito acerca de este tema. La felicidad llena las portadas de libros, disertaciones, es algo que muchas personas quisieran alcanzar, la persiguen, y parece que nunca la consiguen. ¿Qué está fallando?
De un tiempo a esta parte, parece que ha calado más profundamente la idea de que la felicidad no es una meta que una vez se alcanza ya se tiene para siempre. La felicidad es más bien un camino que se anda, una actitud para con la vida, una opción personal que uno toma.
Los obstáculos, los problemas, las dificultades, las malas rachas, nos ayudan a valorar positivamente y apreciar los momentos felices, el cansancio y el dolor nos recuerdan lo bien que estamos tras una noche de descanso o lo bien que sientan un masaje o un baño relajante. No podemos apreciar en su justa medida la importancia de un estado de buena salud si jamás hemos estado enfermos.
La felicidad no sería tan ansiada y perseguida si no existieran estados de infelicidad para contrastarla. Lo importante, pues, no es lamentarse por perder un estado de bien-estar y felicidad, sino darse cuenta de que tenemos la enorme oportunidad de recuperarlo y poder disfrutarlo conscientemente.
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